Cien años después: el Socialismo sigue vigente

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Por Federico Pereyra
(Estudiante de Historia en la UNMdP – Militante del MUI)

Un día como hoy, hace exactamente cien años, se producía en Rusia la condensación de aquellos días que conmovieron al mundo: lxs bolcheviques llevaban al triunfo a la primera Revolución Socialista. La misma tendría desde su primer día un objetivo claro, que la revolución fuera mundial.

No me parece necesario hacer un aburrido racconto lineal de “los hechos” que condujeron a ese 7 de noviembre de 1917, prefiero tomar este espacio para reflexionar en voz alta. Si nos quedamos con una mera enunciación nostálgica, o tan sólo invocamos algún estudio histórico para “recordar aquella gesta”, si todo lo que hacemos es un homenaje y ya, entonces habremos enterrado a la Revolución en el pasado. Creo yo que lo necesario es, por el contrario, repensarla en este contexto que nos toca para traerla al presente.

Aquella hazaña de lxs obrerxs y campesinxs rusxs se hace aún más grande al observar las condiciones en que la llevaron a cabo, en ese “país atrasado”, cercado por la guerra y con toda esa estructura deficiente incluso para llevar adelante las tareas de una República burguesa. Así y todo, aún contra todas las adversidades, ese pueblo se sumergió sin titubeos a llevar adelante su revolución, la cual fue eso mismo. No fue un mero acto de transición política o un simple “golpe por el poder de Lenin” como dirán los historiadores liberales, sino que fue una Revolución propiamente dicha y como pocas: fue la toma del poder por lxs obrerxs, fue una transformación económica, pero fue mucho más: fue osadía, fue creación, fue transformación, innovación, fue liberación, y eso hay que rescatarlo.

En plena guerra civil es cuando se dan las mayores muestras de que el socialismo “iba por todo”, que su proyecto de transformar la sociedad no era una consigna vacía sino una verdadera declaración sobre lo que se disponían. Es en medio de la guerra, del desabastecimiento, y de tantos sufrimientos que se dan enormes debates abiertos –impensados en la sociedad occidental- sobre cómo transformar la sociedad, las relaciones, el trabajo, los afectos, la familia, el arte. Es cuando las mujeres conquistan derechos impensados en aquellos tiempos (y que en el capitalismo no tenemos ni aún cien años después…), donde surgen las experimentaciones en todos los ámbitos (un ícono es el entusiasmo de Lenin con el theremin, instrumento inventado en este proceso). Es allí cuando surgen las “orquestas sin director” y se hacen obras de teatro donde actores y espectadores se confunden, donde se libera la imaginación en la arquitectura y un sinfín de etc. En resumen, aún en medio de la guerra civil, ya no había más límites para pensar, por el contrario había efectivamente, sólo un mundo por ganar. Era una Revolución en su máxima expresión: todo podía ser cuestionado y por tanto transformado.

La Revolución Socialista fue un faro de esperanza para el movimiento obrero mundial, pero –insisto- fue eso y mucho más. Ya señalamos que la revolución transformó Rusia, pero lo que poco se recuerda o piensa es que la misma transformó a todo el mundo.

No sólo por el impulso que significó con la III Internacional, el surgimiento de los Partidos Comunistas, la enseñanza de que sí podía vencerse al capitalismo, o el ejemplo/esperanza que fue para lxs trabajadores del mundo. También resulta imposible desligar las concesiones que recibieron los pueblos occidentales por parte de los capitalistas del hecho de que enfrente existiera la URSS. El Estado de Bienestar no es producto de la bondad del capitalismo, sino una respuesta preventiva por miedo a la expansión revolucionaria. Hasta la más mínima comodidad que se obtuvo en Occidente se la debemos a los bolcheviques. No es casualidad que el neoliberalismo renazca con la destrucción de la URSS. El capitalismo no da puntada sin hilo.

Hoy en día repensar la Revolución es hacerlo en plena crisis civilizatoria del capitalismo, eso no podemos perderlo de vista. Así como no es casualidad que el neoliberalismo retorne con el fin de la URSS, tampoco lo es que el macartismo, el anticomunismo más visceral vuelvan a hacerse presentes fuertemente en los discursos políticos y que el fascismo –explícito o disfrazado- recobre fuerzas a lo largo y ancho del mundo (Trump, Macri, Temer, Ucrania, Alemania, etc. etc.) en medio de esta insostenible crisis del sistema. Los capitalistas lo saben, si quieren sobrevivir como clase, han de frenar el avance de las masas, con lo cual una vez más sacan a pasear a su perro rabioso: el fascismo.

En la actualidad, conmemorar el centenario de la Revolución Rusa ha de ser seguir el ejemplo de aquellxs hombres y mujeres que en 1917 tomaron el futuro en sus manos y se decidieron a enfrentar a todo poder establecido. Es sacar las lecciones pertinentes que nos legaron lxs bolcheviques: el capitalismo no es invencible, ¡El triunfo de lxs oprimidxs es posible! Es tomar aquellas banderas, construir las herramientas que hacen falta y ser decididxs para avanzar hasta el final, ya que las medias tintas no sirven cuando llega el momento decisivo.

Cien años después de la Revolución Rusa, la crisis integral del capitalismo se profundiza a diario, ante ello la lección es clara: ¡El Socialismo sigue siendo la alternativa!

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