Tu querida vigencia

Por Rogelio Roldán

En vísperas del cumpleaños del Comandante Ernesto Che Guevara, y cerca del cincuentenario de su asesinato por la CIA y la dictadura de Barrientos en Bolivia, se reactivan los intentos de ningunearlo y, sobre todo, falsificarlo. Innoble y vana faena esta a cargo de plumíferos de diversos pelajes de derecha y de ¿izquierda? Las fábulas de la reacción en cuanto a su supuesta crueldad y violentismo fueron refutadas por el intenso reconocimiento del pueblo de Cuba, que lo considera su héroe nacional, y por sus escritos acerca del humanismo revolucionario, en especial en “El socialismo y el hombre en Cuba”. Allí sostenía un concepto visceralmente marxista, asimilado en sus estudios del Marx de los Manuscritos Económico Filosóficos de 1844, escritos no para publicarse sino para precisar su concepción del mundo. De allí parte el Ché, dice que “(…) las masas trabajadoras transforman la realidad explotadora y se autotransforman, acabando así con la opresión y la alienación”.

Para esta nota interesan las afirmaciones erróneas del posibilismo, las que se centran en el “quijotismo” y “aventurerismo” del Che, quien -según ellos- no tomaba en cuenta el factor objetivo y la imposibilidad de una revolución en Latinoamérica, que no estaría madura para eso y sí para un capitalismo “humanizado”, el que, dicho sea al pasar, solo exhibe fracasos. La izquierda socialdemócrata -incluida la autoproclamada vanguardia obrera-discurre por tres ejes reiterativos: “el Che subestima a las masas y su lucha; desprecia la construcción del partido revolucionario y otorga una función central, exclusiva y excluyente, al foco insurreccional” El etapismo considera -aún hoy- imposible la revolución socialista en América porque “las fuerzas productivas no han llegado aún al nivel de relaciones socialistas de producción”. El Che demostró que no es una ley de hierro, que en los períodos de transición había un desfasaje entre ambos términos, porque el capitalismo local no puede desarrollarse por causa de la dependencia del gran capital monopólico, el capital financiero, el imperialismo.

En Guerra de Guerrillas, edición de 1966, precisó su reflexión: “No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede desarrollar condiciones subjetivas sobre la base de condiciones objetivas dadas”. O sea, la revolución debe hacerse donde existan las condiciones o, en su defecto, crearlas donde aún no existen. Esta idea es la base filosófica de su concepción del factor subjetivo y de la prelación de la voluntad revolucionaria, de la iniciativa política de las masas, como elemento transformador de toda correlación de fuerzas, aun cuando esta sea abrumadoramente desfavorable.

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El Che sostenía que el accionar consciente de las masas y de la vanguardia revolucionaria enerva las contradicciones objetivas y desata la situación revolucionaria. Nada más alejado de su pensamiento que el creer que en cualquier momento, o por antojo, se puede hacer la revolución. El polemizó, polemiza aún hoy, con la espera de maduración de las condiciones objetivas que, en Nuestramérica, de tan maduras están ya casi podridas. El Comandante parte del meollo de la lucha de clases: la cuestión del poder. Este problema, en el Tercer Mundo pone en el centro la discusión acerca del carácter, las fuerzas motrices y la vía de la revolución. En cuanto al papel del partido y de la clase, abundan sus escritos, sus discursos y su tarea práctica en el PCC y en la CTC-R, la central obrera. Jamás separó ni contrapuso lo militar a la política.

Al contrario, el partido revolucionario planifica y dirige la acción político-militar. Guevara concibe a la revolución, en las condiciones del Tercer Mundo, como una guerra revolucionaria, una gran acción político-militar, de la cual la guerrilla es un componente. Plantea de modo taxativo la necesidad de destruir el aparato burocrático militar del Estado burgués, ya que la experiencia americana indica que las burguesías pactan con el imperialismo, y que sus ejércitos las respaldan, decía que “el golpe militar es ya una enfermedad endémica” en nuestras tierras. De allí deduce que no se puede hacer una revolución en alianza con las burguesías, mal llamadas “nacionales”, ni con sectores de ellas que están en contradicción con los grupos dominantes, pero no acuerdan con el socialismo, sólo quieren ocupar el lugar de grupo dominante.

En ese marco veía el papel de la guerrilla como catalizador político que ayuda a madurar la dialéctica de las condiciones objetivas y subjetivas, a la vez plantea con toda fuerza dos cuestiones político-ideológicas principales: tomar conciencia que es posible y necesario enfrentar a las clases dominantes, y que es posible triunfar. En coherencia con esta proposición teórico-práctica concibe a la guerrilla como un método para construir, mediante un intensivo trabajo político partidario de masas, el ejército popular de liberación.

El Che fue a Bolivia a resolver ese debate teórico sobre el carácter y las vías de la revolución, a poner en práctica su estrategia de ejército popular continental, además de su alto sentido del internacionalismo, que lo urgía a abrir un nuevo frente de lucha contra el imperialismo para aliviar el esfuerzo del pueblo vietnamita.

Ahí se demuestra que la capacidad de crear conciencia y organización resuelve los problemas de una fuerza de masas para la revolución. Nada que ver con el reduccionismo de Regis Debray, hoy teórico de la tercera vía, quien le imputó, luego de muerto, cuando no lo podía refutar, la seudoteoría del “foquismo”, pensado como que un pequeño grupo bien entrenado puede desatar una revolución en cualquier momento y lugar. Nada más lejos de eso, dicha “idea” no tiene nada que ver con su enfoque del “foco insurreccional”, cuyo papel es preparar, con la acción armada, el desencadenante de una acción insurreccional de masas de gran envergadura, una acción histórica independiente de la clase obrera y el pueblo.

Son los hechos, y no su muerte, los que le dan la razón histórica, los que demuestran la validez de su teoría de la subjetividad como desencadenante de la situación revolucionaria. Este enfoque antidogmático del Comandante es lo que intentan no “perdonarle” sus falsificadores y diletantes varios.

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