Mario Roberto Santucho

El 19 de julio de 1976, Mario Roberto Santucho y Benito Urteaga, enfrentando a la dictadura terrorista cívico-militar, cayeron junto a sus compañeras y compañeros Liliana Delfino, Ana María Lanzillotto, Domingo Menna y Fernando Gertel, quienes fueron secuestrados y asesinados en Campo de Mayo.

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A Santucho las clases dominantes, y también el posibilismo, desde siempre intentan demonizarlo para que las nuevas generaciones no puedan aprender de sus ideas y su ejemplo. Por el contrario, para nosotros es parte de la riquísima herencia de lucha obrera y popular que asumimos y reivindicamos.

Desde muy joven demostró sus inquietudes por la cuestión social y la injusticia del capitalismo. Fue consejero estudiantil en la facultad de económicas de Tucumán por la agrupación Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Económicas, MIECE. Posteriormente, con otros compañeros se incorpora al FRIP, Frente Revolucionario Indoamericano Popular, publica en diversas revistas y, producto de su militancia en los ingenios azucareros de Tucumán y Jujuy y de su asesoramiento a los sindicatos de la FOTIA fundan el partido Acción Provinciana, que obtiene diputados obreros en la legislatura tucumana.

En 1961, viaja por Nuestramérica y llega a Cuba para conocer esa experiencia de primera mano, allí participa del acto donde se proclamó la 2° Declaración de La Habana, que asumía el carácter socialista de la revolución. A partir de ese momento incorpora el marxismo leninismo como su ideología y redobla sus esfuerzos por construir un partido obrero con dicha identidad.

En 1963 el FRIP se fusiona con Palabra Obrera para conformar el Partido Unificado de la Revolución. El 25 de mayo de 1965 pasa a llamarse Partido Revolucionario de los Trabajadores, que propone la organización de la clase obrera para luchar por el socialismo. En esa instancia se abre un intenso debate acerca del enfoque de partido y de las vías de la revolución. Santucho encabeza el sector que se opone al espontaneísmo en materia organizacional y rechaza las tesis sindicalistas, economicistas, las cuales consideraban que la “CGT de los Argentinos” debía ser el partido obrero revolucionario y practicaban la táctica de “entrismo” entre los trabajadores peronistas.

En ese período Santucho indaga en la situación de la lucha de clases a escala nacional y mundial y co-escribe un material que luego será la plataforma de su estrategia revolucionaria. El mismo es “El único camino hasta el poder obrero y el socialismo”, también llamado el Librito Rojo por la militancia. En 1968, producido ya el alejamiento de la mayoría del grupo de Palabra Obrera, que luego terminaría en escisión total, nace el PRT-El Combatiente, que en 1970, en el 5° Congreso, funda el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, que se concebía como un “ejército popular, integrado por todos los sectores sociales y políticos antiimperialistas, no como el brazo armado del partido, sino con su dirección política”.

A cuatro décadas de aquella intensa experiencia, con sus logros y sus errores, y conociendo su desenlace histórico, sería soberbio y desubicado realizar juicios de valor. En opinión de quien escribe se trata de destacar los aportes de Santucho y sus compañeros a la estrategia de lucha popular contra el capitalismo, la dependencia y la miseria.

En primer lugar, el PRT reinstaló en la política de la izquierda y el campo popular argentino la vocación de luchar por el poder, por todo el poder, y el debate sobre las fuerzas motrices, las vías y los métodos para resolver esa tarea.

Como parte íntima de esa discusión volvió a poner al orden del día el tipo de partido revolucionario, leninista, guevarista, apto para dirigir ese accionar, igualmente con la relación entre lucha reivindicativa y lucha política, además de incorporar el planteo de la alternativa de poder popular, el “doble poder”, como tituló uno de sus trabajos. Allí remarcó “el contraste entre la potencialidad de las luchas de la clase obrera contra la dictadura y la falta de un rumbo político transformador”.

Otro aporte muy serio es su reivindicación de la legitimidad de la violencia popular, la violencia vertical de abajo hacia arriba para enfrentar el contrabando ideológico cultural de la violencia horizontal de pobres contra pobres y para defenderse de la represión brutal a la que recurren las clases dominantes en toda ocasión en que pierden el consenso, aún sea pasivo, de los explotados y oprimidos.

Mario Roberto Santucho, quien siempre se esforzó por emular a su inspirador, el Comandante Ernesto Che Guevara, fue un hombre que en todo momento dijo lo que pensaba e hizo lo que decía. Esta cualidad define cabalmente a un revolucionario íntegro, y es una gran enseñanza para las nuevas generaciones. A él y a los compañeros que lucharon con él nuestro más sentido homenaje.

Rogelio Roldán

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