Slavoj Zizek: Los Comunistas Liberales de Porto Davos

Compartimos un texto de Slavoj Zizek, que ya tiene algunos años, pero que recobra una potente actualidad cuando por estas fechas vemos que para reinstalar un proyecto de exclusión y miseria Mauricio macri tiene como primera parada internacional la cumbre de Davos

Por Slavoj Žižek | 14.Abril.2006

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Bill Gates y compañía. (Tony Blair y Bono)

 

En la última década, Davos y Porto Alegre han surgido como las ciudades mellizas de la globalización. En Davos, las instalaciones suizas exclusivas de esquí, la élite global de directores de empresas, hombres de estado y personalidades mediáticas, se reúnen bajo una fuerte protección policial, intentando convencernos a nosotros (y a sí mismos) de que la globalización es su mejor remedio. En la ciudad sub-tropical brasileña de Porto Alegre, la contra-élite del movimiento antiglobalización se reúne, intentando convencernos a nosotros (y a sí mismos) de que la globalización capitalista no es nuestro destino; como dice su eslogan oficial, “otro mundo es posible”. Ultimamente, sin embargo, las reuniones de Porto Alegre parecen haber perdido su ímpetu. ¿Dónde fueron las brillantes estrellas de Porto Alegre?

¡Como mínimo algunas de ellas se fueron a Davos! Es decir, más y más, el tono predominante de las reuniones de Davos viene del grupo de empresarios que el periodista francés Oliviar Malnuit menciona irónicamente como los “comunistas liberales” (esto es, “liberal” en el sentido europeo de pro-mercado) que no aceptan ya la oposición entre “Davos” (capitalismo global) y “Porto Alegre” (los nuevos movimientos sociales y su alternativa al capitalismo global). Afirman que podemos tener la tarta global capitalista (prosperar como empresarios con beneficios) y a la vez comérnosla (apoyar las causas anticapitalistas de responsabilidad social, preocupaciones ecológicas, etcétera). No se necesita Porto Alegre, dicen, ya que Davos en sí puede convertirse en Porto Davos.

¿Y quiénes son estos comunistas liberales? La banda de los sospechosos habituales: Bill Gates y George Soros, los CEOs de Google, IBM, Intel, eBay, así como filósofos de la corte como Thomas Friedman. Lo que hace interesante la ideología de este grupo es que se está volviendo indistinguible de la de Antonio Negrí, quien ha alabado el capitalismo digital postmoderno; el cual, según Negrí, se está convirtiendo en algo imposible de distinguir del comunismo. Según los cálculos de Negrí, ambas vieja Derecha -con sus ridículas creencias en la autoridad, el órden y el patriotismo parroquial- y vieja Izquierda -con su gran Lucha contra el Capitalismo- son los auténticos conservadores de hoy, totalmente fuera de onda de las nuevas realidades cuando combaten en sus teatros de sombras. El significante propio de esta nueva realidad de al neolingua del liberal comunista es “listo”. Listo significa dinámico y nómada en oposición a la burocracia centralizada; diálogo y cooperación contra la autoridad central; flexibilidad contra la rutina; cultura y conocimiento contra la vieja producción industrial; e interacción espontánea contra las jerarquías fijadas.

Bill Gates -magnate del software y filántropo-, es el icono de lo que llamó “capitalismo sin fricción”, la sociedad post-industrial en la que somos testigos del “fin del trabajo”, en que el software está venciendo al hardware y donde el jóven empollón sustituido al gerente con traje. En el nuevo cuartel general de la compañía, hay poca disciplina externa, y los (ex)hackers dominan el terreno, con largas jornadas y disfrutando de bebidas gratis en entornos de peluche. A este respecto, es una característica crucial de Gates como icono que es (percebido como) el ex-hacker que “lo consiguió”. A nivel fantasmático, la noción subyacente aquí es que Gates es un hooligan subversivo y marginal que ha tomado el control y se viste como un directivo respetable.

Los comunistas liberales son grandes ejecutivos reformando el espíritu de la lucha, o por decirlo de otra forma, individuos contraculturales que tomaron el control de las grandes corporaciones. Su dogma es una versión nueva, postmodernizada, de la mano invisible de Adam Smith: el mercado y la responsabilidad social no son opuestos, pueden utilizarse juntos para un beneficio mutuo. La colaboración con los empleados, el diálogo con los clientes, el respeto por el medio ambiente y los tratos transparentes son ahora las claves para un negocio exitoso.

Como comunistas liberales son pragmáticos, odian la ideología. No hay una Clase Trabajadora única explotada hoy, tan sólo problemas concretos que hay que ser resueltos, tales como el hambre en África, la situación de las mujeres musulmanes o la violencia religiosa fundamentalista. Cuando hay una crisis humanitaria en África (y los comunistas liberales aman las crisis humanitarias, ¡sacan lo mejor de ellos!), en lugar de emplear una retórica anti-imperialista, consideran que deberíamos analizar qué es lo que realmente resuelve el problema: “contratar” a la gente, a los gobiernos y a los negocios dirigiendolos hacia una empresa común, aproximarse a la crisis de formas creativas y no convencionales, y no preocuparse sobre las etiquetas.

Los comunistas liberales también aman el Mayo del 68. ¡Qué explosión de energía juvenil y de creatividad! ¡Cómo hizo temblar los confines de un órden burocrático anquilosado! ¡Qué ímpetu le dio a la vida económica y social después de que desaparecieran las ilusiones políticas! Y aunque han cambiado desde entonces, no se han resignado a la realidad; han cambiado para cambiar el mundo, para revolucionar nuestras vidas. ¿No dijo Marx que todas las revueltas políticas palidecieron en comparación con la invención de la máquina de vapor en cuanto a la forma en que cambió nuestras vidas? ¿Y no diría Marx hoy: qué son todas esas protestas contra el capitalismo comparadas con el Internet?

Por encima de todo, los comunistas liberales se ven a sí mismos como verdaderos ciudadanos del mundo, buena gente que se preocupa. Se preocupan por los fundamentalistas populistas y las corporaciones codiciosas e irresponsables. Ven las “causas profundas” de los problemas de hoy, la masiva pobreza y la falta de esperanza que engendra el terror fundamentalista. Así que su objetivo no es ganar dinero, sino cambiar el mundo (y de esta manera, como un producto lateral, ganar más dinero todavía).

El truco, por supuesto, es que para poder dárselo a la comunidad primero lo tienes que coger (o como ellos dicen, crearlo). El fundamento de los comunistas liberales es que, para poder ayudar realmente a la gente, tienes que tener los medios para hacerlo. Y como la experiencia nos enseña, esa experiencia del fallo lúgubre de todos los estados centralizados y las aproximaciones colectivistas, la iniciativa privada es de lejos la forma más eficiente. Así que si el estado quiere regular sus negocios o ponerles demasiados impuestos, está de hecho socavando su objetivo oficial (hacer mejor la vida para la gran mayoría, ayudar a aquellos que lo necesitan).

Los comunistas liberales no quieren ser sólo máquinas de generar beneficios: quieren que sus vidas tengan un significado más profundo. Están en contra de las viejas religiones y a favor de una espiritualidad sin confesión (¡todo el mundo sabe que el Budismo presagió las ciencias de la mente, que el poder de la meditación puede medirse científicamente!). Su consigna preferida es la responsabilidad social y la gratitud: son los primeros en admitir que la sociedad fue increíblemente buena cone llos dejandoles desplegar su talento y amasar riquezas. Y después de todo, ¿cuál es el objetivo del éxito si no es ayudar a la gente?

Sin embargo, ¿hay algo de nuevo en todo esto? ¿Qué hay del viejo Andrew Carnegie, que empleaba un ejército privado para suprimir brutalmente el trabajo sindicado y después distribuía una gran parte de su fortuna para causas educativas, artísticas y humanitarias, probando que, aunque fuera un hombre de hierro, tenía un corazón de oro? Del mismo modo, los comunistas liberales de hoy en día dan con una mano lo que antes quitaron con la otra.

Esto es lo que hace a una figura como Soros tan problemática éticamente. Su rutina diaria es una mentira personificada: la mitad de su tiempo de trabajo lo pasa dedicado a especulaciones financieras y la otra mitad a actividades humanitarias (financiando actividades culturales y democráticas en los países post-Comunistas, subvencionando el movimiento en EEUU para obtener dinero público a través de elecciones privadas, acuñando términos peyorativos como “fundamentalistas del libre mercado”), que finalmente combaten los efectos de sus propias especulaciones. De forma parecida, las dos caras de Bill Gates: un cruel hombre de negocios que destruye o compra a sus competidores y busca un monopolio virtual, usando todas las trampas sucias posibles para obtener sus propósitos… y el mayor filántropo en la historia de la humanidad.

En la ética del comunista liberal, la persecución despiadada del beneficio se contrarresta a través de la caridad: esta es hoy la máscara humanitaria que se esconde tras la explotación económica subyacente. En un chantaje de proporciones gigantescas, los países desarrollados están “ayudando” constantemente a los no desarrollados (créditos, ayudas, etcétera), evitando por tanto la cuestión central; es decir, su complicidad y co-responsabilidad por la situación miserable de los no desarrollados.

Y lo mismo sucede con la oposición entre las aproximaciones “lista” y no-“lista”. Aquí la noción clave es la subcontratación. Subcontratando, exportas el (necesario) lado oscuro; salarios bajos, prácticas laborales duras y polución, a lugares no-“listos” en el Tercer Mundo (o lugares invisibles dentro del propio Primer Mundo). El sueño definitivo de los comunistas liberales es en sí exportar a la clase trabajadora en sí a las fábricas explotadoras invisibles del Tercer Mundo.

La filósofa marxista francesa Etienne Balibar, distingue las dos formas opuestas pero complementarias de violencia excesiva en el mundo de hoy: la violencia objetiva “estructural” que es inherente a las condiciones sociales del capitalismo global (es decir, la creación “automática” de individuos excluídos y dispensables, los desempleados, los que no tienen seguro, los sin techo), y la violencia subjetiva de los nuevos fundamentalismos étnicos y/o religiosos. Mientras que combaten la violencia subjetiva, los comunistas liberales son en sí los agentes de la violencia estructural que crea las condiciones para tales explosiones de violencia subjetiva. Precisamente dado que los comunistas liberales quieren resolver todos estos problemas secundarios respecto al funcionamiento del sistema capitalista global -para hacerlo “carente de fricciones” para sus maquinaciones-, son la personificación directa de lo que hay de erróneo en el sistema.

Dentro de cualquier alianza táctica necesaria que uno tenga que hacer con los comunistas liberales al combatir el racismo, el sexismo o el oscurantismo religioso, deberíamos recordar: los comunistas liberales son el enemigo de toda lucha progresista hoy en día.

 

Título Original: The Liberal Communists of Porto Davos

In These Times: http://www.inthesetimes.com/site/main/article/2574/

Traducción: Decondicionamiento.org

http://www.13t.org/decondicionamiento/forum/viewtopic.php?p=1137

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