Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar

Compartimos el capítulo 9 del libro de José Ernesto Schulman, “Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar” a 40 años del comienzo de la lucha obrera y popular contra los patrones y la burocracia sindical.

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9. El Villazo

Para hablar del Villazo y de su recorrido carcelario, Tito eligió el balcón de su casa sobre el río.  Construida la casa en la barranca, el balcón parece suspendido en el aire.  Sentado allí, parece que el río estuviera bajo uno.  Pocos sitios tan serenos y propicios a la reflexión.  Tito había juntado unas carpetas con recortes y documentos.  Mientras me los mostraba empezó a contar el periodo más épico y más trágico de su pueblo.

“Recuerdo que en 1968 se había elegido una Comisión Directiva de la U.O.M. a dedo que se fue desprestigiando; lo que dio lugar al nacimiento de una corriente nueva, combativa, de oposición a la burocracia que se proponía presentar una lista en las elecciones de marzo de 1970.  Estaba integrada por miembros de la Comisión Interna y el Cuerpo de Delegados de Acindar; y para impedirlo se provocó un conflicto y fueron despedidos 26 compañeros.

En el  mismo año, 1968, nosotros formamos la C.G.T. de los Argentinos en Villa Constitución. Al compañero Rufino Cabrera, que era presidente de la Unión Ferroviaria le habían hecho una “cama” y lo habían cesanteado por robar dos chapas.  En realidad se estaba castigando a un compañero peronista muy combativo y amigo nuestro que había jugado un gran papel en la huelga ferroviaria del ‘61.  Lo querían limpiar del gremio.  Los ferroviarios no lo permitieron.  Lo siguieron reconociendo como su presidente de seccional y juntaron plata para mandarlo al Congreso de la C.G.T. que se realizó en marzo de 1968 en Buenos Aires. El congreso fue ganado por los sectores más combativos, pero inmediatamente de que se lo eligiera a Ongaro secretario general de la C.G.T.; los sectores más reaccionarios lo abandonaron. Los que se quedaron pasaron a llamarse C.G.T. de los Argentinos.

De los gremios de Villa, el único que participaba orgánicamente a nivel nacional en la C.G.T de los Argentinos era el nuestro: La Fraternidad; pero logramos incorporar a otros sectores. Estaban naturalmente los ferroviarios de la Unión representados por Cabrera y por Carlos Sosa; estaba también Mirna Losa que era del gremio Textil; participaba un compañero de empleados de comercio y un dirigente comunista de los obreros rurales realmente memorable: Blas Agostini.    Blas era un compañero incansable, con él recorrimos todo el departamento organizando a los rurales y a la C.G.T. de los Argentinos. Aunque chica la C.G.T. “A” de Villa reproducía todos los materiales y volantes nacionales y de Rosario; hacía un gran esfuerzo propagandístico.

Rufino Cabrera era el secretario general y yo era secretario de la C.G.T., casi treinta años después la dupla se repite casi igual en el Centro de Jubilados de Villa. Consecuencia que le dicen.

El bautismo de fuego de nuestra C.G.T.  fue el primero de mayo del 68’, organizamos una delegación que participó en el acto que organizó la C.G.T. de Rosario.   Nos concentramos en el local histórico de la calle Córdoba y allí marchamos hasta la radio L.T.8 donde nos interceptó la policía.  El grueso de la columna volvió al local de la C.G.T. y allí se hizo un acto donde habló Guillán, el dirigente telefónico que en ese tiempo era muy combativo y uno de los principales dirigentes nacionales de la C.G.T. de los Argentinos.

En septiembre del 69’ durante la huelga ferroviaria que desembocaría en el 2º Rosariazo, la C.G.T. de los Argentinos consiguió un Paro Total de los trabajadores de toda Villa a pesar de los pocos sindicatos adheridos que teníamos.    Organizamos una Marcha que salió del local de La Fraternidad y recorrió el Barrio Talleres.  Fuimos interceptados por la Policía que intentó detenernos pero no pudo.  Seguimos nuestro recorrido y llegamos hasta la U.O.M. en la otra punta de Villa.

Como dije antes desde Villa acompañamos todos los actos e iniciativas de la  C.G.T. “A” y aunque no contábamos ninguna representación de los metalúrgicos, hacíamos grandes esfuerzos (los comunistas especialmente) para lograr que los materiales y los volantes entren a las fábricas. Apelábamos a todos los medios, desde el piqueteo en la puerta de las establecimientos hasta los compañeros que se arriesgaban y entraban materiales a los talleres para repartirlos clandestinamente en los vestuarios. Nosotros seguíamos atentamente los sucesos que se producían en la U.OM. pero, para decir la verdad, recién contactamos física y políticamente con los compañeros de lo que sería luego la dirección de la Marrón, en septiembre del 73’ con motivo de la solidaridad con Chile.

Como veníamos contando, como consecuencia de los despidos en la U.O.M. se produce una   huelga  que es levantada en  los últimos días de diciembre de 1969. Se llega a algunos acuerdos pero ACINDAR mantiene los despidos reincorporando solo a algunos compañeros por lo cual se produce una nueva huelga en febrero/marzo de 1970 que dura 23 días y sólo consigue el pago de la indemnización a 7 compañeros, quedando una sensación de confusión y derrota pues la huelga es levantada en una Asamblea fraudulenta  (realizada un lluvioso día de domingo) quedando claro que la intención era descabezar el movimiento antiburocrático.

Superada esta situación se inicia la reorganización y surge el  G.O.A. (Grupo de Obreros de Acindar) y después el G.O.C.A. (Grupo de obreros combativos de Acindar) y más tarde el M.R.S.  (Movimiento de Recuperación Sindical) cuyo programa sostenía la unidad, la democracia sindical, la independencia del sindicato de los partidos políticos, de la patronal, del estado y de los credos religiosos.    En 1973 se realiza la elección del Cuerpo de Delegados y Comisión Interna de Acindar que es ganada por el M.R.S..  En la búsqueda de la mayor amplitud posible, el M.R.S. deviene en Agrupación Metalúrgica 7 de Setiembre (día del metalúrgico) y se crea la Lista Marrón.

En marzo del 73’, convocada por el Movimiento  7 de Setiembre- Lista Marrón, se realiza en las puertas de la U.O.M. una importante concentración de obreros metalúrgicos planteando:

– que se fijara fecha definitiva para la normalización del sindicato

– que se construyera un Policlínico en Villa y

– que se rinda cuentas del destino de los fondos por cuota sindical y ley 18.610.
El interventor Trejo se comprometió a trasladar estas inquietudes ante el Secretariado Nacional.  Junto con la formación de la C.G.T. de los argentinos y la labor sindical, nosotros vimos que otra forma de organizar la lucha y resistir a la Dictadura de Onganía estaba en la labor vecinal; es decir que si no podíamos llegar a los metalúrgicos por que la patronal nos ponía trabas y la burocracia sindical reprimía a los que mostraban la cabeza, llegaríamos a él desde la barriada donde nosotros teníamos trabajo desde hace tantos años y nos habíamos ganado un gran respeto.

Cuando volví de Corral de Bustos me asenté en el barrio Congreve junto con mi compañera y mi hijo Tito nacido allá. Cuando comienzan los 70’ yo era presidente de la Vecinal del barrio y organizamos el trabajo de denunciar la carestía de la vida (se llegó a hacer un Congreso Nacional contra la Carestía de la Vida, muy representativo y popular) y las condiciones de vida más generales del pueblo.    Villa nunca tuvo un Plan Directriz Urbanístico, creció a la que te criaste sin cloacas, ni agua corriente, sin transporte público. La lógica de su crecimiento fue la de las máximas ganancias para las empresas loteadoras que aprovechaban la afluencia de nuevos trabajadores para venderles el terrenito de cualquier modo.  Así las cosas fue posible ir fortaleciendo las Asociaciones Vecinales, de larga tradición en la provincia, que paulatinamente fueron empezando a discutir las cuestiones más generales y “políticas” lo que permitió organizar una Federación de Vecinales de Villa Constitución que dirigíamos junto con Juan Roldan y José María Bodrero.

Como parte de los enfoques más generales que tenía la dictadura sobre las “obras” el que entonces era intendente, Troilo se larga a un plan de pavimentación sin ninguna lógica.   Se hacían pavimentos sin haber resuelto ni las obras cloacales ni el agua corriente.  Troilo estaba de acuerdo con una empresa de Empalme Villa llamada “Primucci” que era la encarga de pavimentar.  Mandaban un par de operadores políticos a conseguir las firmas de algunos vecinos en una cuadra y ya pavimentaban.

Como no era un plan integral, se iban pavimentando aquellas calles en que ellos conseguían las firmas; y las que no, quedaban como manchones de tierra.     Además lo hacían a un precio muy alto para el bolsillo de los trabajadores.

Nosotros organizamos la resistencia al atropello. Conseguimos local para la Federación en la calle Moreno al 1200. Estaba al lado del estudio de José Bodrero y era una casa antigua. Desde allí llegamos a agrupar 26 vecinales de otros tantos barrios. Como Villa tenía entonces no más de 25.000 habitantes está claro que estamos hablando de barrios chicos y de un buen grado de organización popular. Un compañero que se destacó mucho en orientar la labor de la Federación de Vecinales fue Luis Turco que se transformó en algo así como el asesor de Juan Roldan y de la Federación.

En la lucha por impedir la pavimentación compulsiva conocimos a un personaje que luego se destacaría de un modo tétrico, Raúl Antonio Ranure.  Resulta que en el barrio San Lorenzo se realizó una Asamblea para discutir si  se aceptaba la propuesta del intendente. Nosotros nos oponíamos. Me acuerdo siempre porque había una señora muy gorda con el hijito en brazos que en el momento de votar le hizo levantar los dos bracitos al nene para expresar su bronca. La asamblea resolvió una marcha y allí debutó el provocador de Ranure pegándole dos puntazos de cuchillo a un compañero en medio de la movilización. Estos matoncitos cobardes serían más tarde muy útiles al sistema represivo armado contra los metalúrgicos y el movimiento  popular.

La lucha prosiguió y llegamos a tomar la Municipalidad. Fue en octubre de 1972 y la gente estaba tan furiosa que enfrentó a Troilo, que estaba acompañado por sus colaboradores Lonetti y Carlos Galano, y le arrancó la promesa de la suspensión de la pavimentación. Por nuestra parte elaboramos un proyecto de pavimentación flexible, que lo trajimos de una experiencia cooperativa que se había hecho en Máximo Paz, y que era un pavimento sencillo, de una sola mano sin cordones ni cloacas. En ese momento, los que estaban en el negociado del pavimento tradicional lo denostaron, y Troilo lo llegó a prohibir con el acuerdo del consejo deliberante de entonces.  Pensar que ahora lo utilizan como un gran invento de ellos.

La idea nuestra era formar una Cooperativa de Obras y Servicios para resolver los problemas urbanísticos que nunca habían resuelto los gobiernos comunales. Años más tarde, recuperada la democracia en el 83’, pude aplicar algunas de esas ideas en la Vecinal del Barrio San Martín (adonde me mude en el 77’ a una casa sobre el río construida por mi mismo): organizamos autónomamente la construcción de las obras para el agua corriente y las cloacas. Para el agua corriente construimos pozos de cincuenta metros de profundidad y el resultado fue excelente. Pocos barrios tienen un agua con la calidad que tiene la nuestra. La experiencia se llevó a otras vecinales y las propias autoridades las apoyaron ante su incapacidad de resolver los problemas más elementales.  Incluso ahora impulsan el pavimento flexible como el más adecuado.

En el 73’, cuando cayó la dictadura y se eligieron autoridades constitucionales de nuevo, en Villa ganó un candidato peronista pero que iba en otra lista que la oficial de Silvestre Begnis (28), se llamaba Di Donatti. El partido comunista lo apoyó en una táctica electoral muy compleja  que combinaba el voto a Alende/Sueldo a nivel nacional y el apoyo a lo que se consideraba “oposición” peronista de Campos Bonino en la provincia.  Lo concreto es que en Villa ganó Di Donatti y se abrió un periodo de intensas movilizaciones populares y vecinalistas    En los primeros meses del 73’ nosotros largamos una campaña por la carestía de la vida y concretamente tomamos el tema de la carne.  Hasta entonces cada pueblo tenía su matadero y eso abarataba un poco el producto.

La dictadura sacó una Ley, la Ley Federal de Carnes la llamó que prohibía los mataderos municipales so pretexto de razones sanitarias pero con el objetivo transparente de favorecer la concentración de la producción y comercialización en pocos frigoríficos extranjeros. Desde la Federación de Vecinales organizamos un sistema de control de las rutas para impedir el acceso de camiones frigoríficos con carne de otros lados y pedíamos la reapertura del Matadero Municipal, lo que también daría trabajo a algunos compañeros. El enfrentamiento con la Intendencia fue creciendo. Para el 20 de julio de 1973, la Federación de Vecinales preparó una movilización sobre el Consejo Deliberante, que en esa época estaba arriba de las oficinas del intendente. Después nos enteramos que los fachos nos preparaban una celada: pensaban recibirnos a tiros cuando entráramos al Consejo.  La movilización tenía que hacerse a las 21 hs. pero ocurrió que durante la tarde, un ex policía de apellido Leiva tuvo una discusión durisima con el intendente Di Donatti por razones de promesas incumplidas.

Como siempre, para ganar las elecciones se habían prometido más puestos de trabajo de los que podían dar y los excluidos se mostraban muy enojados.   Di Donatti que sufría del corazón y estaba sometido a las tensiones propias de un gobierno post dictatorial se descompuso y a las 20.30 hs. falleció.  Su muerte nos salvó aunque entonces no lo sabíamos

En septiembre del 73’ se produce en Chile el golpe fascista de Pinochet y el asesinato de su presidente Salvador Allende. El mismo 11 a la tarde la Federación de Vecinales, la Unión Ferroviaria y La Fraternidad nos movilizamos hacia la Plaza Central, hicimos un pequeño acto donde habló Blas Agostini e hicimos una convocatoria a todas las fuerzas a organizar una gran marcha de repudio al golpe fascista. A la reunión vino el compañero Alberto Piccinini en representación de la Comisión Interna de Acindar y otros sectores como Magisterio.

Las fuerzas democráticas de Villa realizamos una importante movilización de protesta por este crimen; nos concentramos en la Plaza Central y recorrimos calle San Martín y 14 de Febrero; cuando regresamos a la Plaza Central un importante grupo de metalúrgicos que se habían incorporado a la columna  pidieron que continuáramos nuestro recorrido por la calle San Martín hasta la Escuela de Comercio a lo que accedimos. y al pasar frente al Sindicato metalúrgico, acompañados por todos los manifestantes cantamos durante varios minutos la consigna “se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical”.

Fue la primera aparición pública del Movimiento 7 de Setiembre / Lista Marrón que meses después ganaría las elecciones y encabezaría una de las gestas obreras y populares más importantes del periodo.

El secretariado nacional de la U.OM.R.A. convocó a elecciones para normalizar todas las secciónales, con el siguiente cronograma: Elecciones nacionales del 4 al 9 de marzo de 1974; Congreso de Delegados para elegir la Junta Electoral al 25 de enero de 1974; se incluye a Villa Constitución entre las secciónales a normalizar. Desde hacía cuatro años, la seccional se encontraba intervenida por Trejo, quien en una maniobra dilatoria no llama al Congreso de Delegados  para no tener que elegir democráticamente la Junta Electoral.   Ante esta situación el Movimiento 7 de Setiembre convoca a una asamblea el 26 del enero de 1974 a la que concurre una importante cantidad de obreros. La actitud de la intervención de no convocar al Congreso de Delegados obedecía al hecho de que en las elecciones de Delegados en las distintas secciones había tenido un rotundo fracaso ya que entre los primeros 14 delegados elegidos, la intervención solo había podido sacar un delegado que respondiera a su política…

El Secretariado Nacional (Lorenzo Miguel) consideró que la gestión de Trejo había culminado en un fracaso y resuelve reemplazarlo por Fernández y Oddone quienes se presentan en la Planta acompañados de conocidos matones y rompehuelgas e intentan una provocación obteniendo por parte de los obreros una contundente rechazo a lo que responden con la expulsión de toda la Comisión Directiva y un grupo de delegados.

Una asamblea de los obreros de Acindar resuelve un Paro que rápidamente se transforma en ocupación de la planta que comienza el 11 de marzo de 1974 y que culminaría el sábado 16 con una concentración en la Plaza Central de Villa que congregó a 12.000 personas. Fue una semana de intensas negociaciones que culminan el sábado 16 con la firma de un Acta/Acuerdo que contiene las siguientes disposiciones:

– Nombramiento de dos representantes obreros por cada una de las empresas (Acindar, Marathon y Metcon) para actuar en carácter de colaboradores exclusivos de las autoridades sindicales que tuvieran a su cargo la conducción de la seccional hasta su normalización estatutaria.

– Se aceptan por ambas partes los siguientes plazos: 120 días para la normalización de la seccional y 45 días para la elección del Cuerpo de Delegados y  de la Comisión Interna de Acindar

– Se establece el compromiso de no tomar ningún tipo de represalias contra los trabajadores que participaron en el conflicto.

– Nombramiento de un delegado normalizador en reemplazo de Fernández y Oddone

 
El mismo día sábado 16 se realiza una asamblea general de las tres fábricas en Acindar que aprueba los acuerdos logrados. A la tarde de ese día se realiza la marcha hacia Villa.  La Caravana pasa por los barrios Gelotto, Palmar, Indusrial, San Lorenzo, Luzuriaga, Malugani: los vecinos de esos barrios les hacen llegar su solidaridad, su alegría y se van incorporando a la columna. Verdadera marcha triunfal. En los últimos tramos los obreros con su torso desnudo, enarbolando banderas, su propia camisa sudada, invaden, ocupan, se apoderan de la plaza.  Están los obreros con sus esposas y sus hijos, el almacenero, los obreros y empleados de otros gremios, todo el pueblo.

Los dirigentes en el palco improvisado, las banderas argentinas y esos rostros que expresan alegría, firmeza y el cansancio de una semana tensa, agotadora, levantan sus brazos saludando a la multitud, en el límite de sus fuerzas físicas, como un movimiento mecánico, el último hálito, el último gesto de comunicación y de entrega.

Estoy en la plaza, vivo el momento con profunda emoción, no puedo evitar la evocación de tantas luchas vividas, el orgullo de tantos años de militancia, de ser parte de ese pueblo. Y los discursos simples, en estrecha comunión con el fervor de las masas reunidas. Y entonces de la plaza se eleva una sola figura, un solo rostro que representa al pueblo.

La jornada pasaría a la historia con el nombre del “Villazo” nombre con el cual muchos identifican, equivocadamente, con el Operativo Rocamora del 20 de marzo del año siguiente y, es bueno insistir en ello, corresponde al protagonismo popular. Se la llamó Villazo, como al 29 de mayo del 69’ se le denominó Cordobazo o al 29 de septiembre Rosariazo, etc.

El éxito de esa etapa de la lucha tiene mucho que ver con una metodología movilizadora y organizadora de los compañeros cuyo eje era la toma de fábrica, la que no solo golpeaba duro a la empresa al arrebatarle el control sobre sus propiedades y activos, sino que permitía una democracia de base verdaderamente protagonista.

El hecho de tener a los compañeros allí reunidos permitía que cada decisión fuera colectivamente tomada y que de ese modo se constituyera una forma diferente de relaciones entre la masa y sus dirigentes, mejor dicho, entre la masa y sus representantes.  Después de tantos años en que el peronismo había instalado la practica de que “el dirigente” negocia por sí los intereses de sus representados, la práctica de la asamblea no era solamente un ingrediente democrático, “casi” natural en un periodo pos/dictatorial como el que se vivía después de la caída de Lanusse, (29) sino un profundo viraje en el tipo de sindicalismo que dejaba de pensarse “para la negociación” y comenzaba a pensarse para la lucha.

Se puede ir a una mesa de negociaciones sin una Asamblea General de fábrica; lo que no se puede es mantener una huelga por tiempo indeterminado y con ocupación de las plantas sin el debate y la decisión consciente y voluntaria de los compañeros reunidos en Asamblea. .Esto fue muy importante en un proceso tan cambiante y complejo en que la dirección (el Comité de lucha) debe contar con el respaldo de todos los compañeros. Además la toma de fábrica demostró a propios y extraños (incluso a los enemigos) la disciplina y organización de que son capaces los obreros.  Evitó la dispersión (hay que recordar que muchos obreros de Acindar vivían fuera de la ciudad, incluso algunos en el campo) (30) y creó entre los obreros un clima de confraternización y camaradería que se fortalecía en el esfuerzo común por cumplir las tareas diarias propias de la toma. Permitió contacto directo con la solidaridad, la que dejo de ser un concepto abstracto para transformarse en el gesto de la compañera que traía alimentos, en la ayuda recibida de los comerciantes y de todo el pueblo. De la zona y de todo el país se podría decir.  Se destacaron en ello los chacareros de la zona de Arroyo Seco, organizados por la filial de la Federación Agraria Argentina que dirigían los comunistas.

 
Todavía faltaba mucho, pero la experiencia acumulada ayudó mucho a sortear todos los obstáculos y lograr que las elecciones se hicieran entre el 25 y el 29 de noviembre de 1974 con el triunfo de la Marrón por 2.600 votos contra 1.300 votos.

Poco después, el 31 de enero de 1975 se formó la regional de la C.G.T. de la que tuve el honor de ser secretario. (31) En el poquisimo tiempo que nos dejaron funcionar, la C.G.T. logró unificar los reclamos obreros con las viejas reivindicaciones del movimiento popular villense: lucha contra la carestía de la vida, solidaridad con los campesinos pobres del departamento Constitución, creación de una Farmacia Social, reactivación del puerto para combatir la desocupación y reapertura del Matadero Municipal.. En apenas 48 días de funcionamiento pleno logramos organizar la distribución de aceite a bajo costo en la Plaza Central de Villa con gran éxito de participación de la gente. Volvimos a levantar la consigna de la reapertura del Matadero Municipal, y el hecho es que el 20 de marzo, estaba planificada la ocupación pacífica del mismo y el sacrificio de una vaca que nos habían regalado.  Pensábamos reiniciar de hecho las actividades del mismo.  Para preparar la ocupación del Matadero (previo a su reactivación) el 19 hubo una asamblea popular y como se hablaba de que vendrían los “Pumas” (32) un concejal peronista dijo que “si vienen los pumas nosotros seremos tigres”

Ese mismo día a la noche tarde, un abogado amigo vino a avisarme que debía irme de casa porque la represión sería muy grande.  Fui a la U.O.M. a informar a los compañeros y discutimos un rato lo que podía hacerse.  No teníamos dimensión de lo que estaba por pasar.  Me volví a casa a esperar una nueva prisión.     A las 4.20 hs. de la madrugada del 20 de marzo las “fuerzas del orden” golpearon a la puerta de mi casa con un culetazo; me detuvieron, me llevaron a la Jefatura de la policía de Villa y de allí a la Federal de Rosario y más tarde a la cárcel de Coronda. Mi quinto encierro estaba por comenzar.

El  20 de marzo de 1975 a la madrugada, una caravana de coches Ford Falcon sin patente, que venía de San Nicolas de los Arroyos y de Rosario, entraron en Villa y se dispersaron por la ciudad.  Eran 105 vehículos, ocupados cada uno de ellos por 4 o 5 individuos.  Portaban armas largas y cortas, mostrándolas por las ventanillas. Algunos tenían las caras descubiertas y otros se cubrían el rostro con pañuelos, lentes ahumados y gorras. La mayoría era gente joven de contextura fuerte y muchos usaban cabello largo y barba. El operativo estaba dirigido por el comisario CORDOBA SALA CAIN y controlado desde Santa Fe por el comisario  ANTONIO FISCHIETTI. Al frente de los efectivos policiales se encontraban los oficiales Salas, Morales, Muñoz, Mojica y Miranda.  La guardia rural Los Pumas estaba encabezada por el oficial Chamarro y ayudado por el agente Castillo.  Las bandas parapoliciales por Raúl Ranure y Cuello

Parte de estos efectivos se instalaron en las dependencias del complejo industrial Acindar, utilizando como lugar de asentamiento los albergues destinados al personal jerárquico de la misma empresa, que posteriormente se convertirían en uno de los primeros lugares de detención ilegal en el país. Ese día, cuatro mil efectivos portando armas de guerra, sin órdenes judiciales ni  respetando ni siquiera mujeres y niños, sembraron la metodología del terror. A patadas, culatazos y empujones allanaron las casas de dirigentes, delegados, activistas, profesionales, estudiantes y comerciantes encarcelando en la Jefatura a más de 300 personas.  Mientras esta tragedia ocurría, las campanas de la Catedral repicaban a jubilo bajo la mano firme del cura párroco de la catedral, el cura SAMUEL MARTINO que colaboraría en la confección de listas de nombres y domicilios que utilizaron los represores.

En Coronda estuvimos apenas un mes porque el mismo 22 de abril nos trasladaron a Resistencia.  Pero estábamos orgullosos de lo que había pasado. El 20 de marzo había caído preso casi todo el activo militante de la U.O.M. y de la C.G.T., sin embargo automáticamente comenzó un paro general de actividades de toda Villa. La U.O.M. fue intervenida por Lorenzo Miguel y la sede de la resistencia se trasladó al local de la Unión Ferroviaria. Allí se coordinaba la solidaridad que llegaba de todo el país.  De allí salieron un grupo de militantes de la Juventud Comunista que vinieron a colaborar en las labores de propaganda y fueron encarcelados cuando estaban pintando murales. (33) Con ellos se intentó hacer algo parecido a lo de Trelew.  A la medianoche del día que los detuvieron, se escuchó una gran balacera y pretendían que había habido una fuga para exterminarlos.  Los compañeros fueron muy valientes y el intento fracasó.

La responsabilidad de la conducción del gremio metalúrgico cayó sobre el Comité de Lucha y sobre uno de los pocos miembros de la Comisión Directiva que habían quedado libres, el Negro Segovia con el cual me unía una hermosa amistad. Cuando finalmente cayó preso en Rosario y nos encontramos en Coronda en mi segunda prisión durante la dictadura, cada vez que  estábamos en un recreo, le gustaba acordarse conmigo del día que repartimos aceite en la Plaza de Villa.  El Negro era un obrero de Metcon y nos habíamos conocido en el local de la Marrón donde acostumbraba andar con un 38 largo en una bolsa.

También jugó un gran papel nuestro compañero Carlos Sosa de la Unión Ferroviaria que había estado unos días preso y salió.  Junto con otros compañeros de la Comisión Directiva  pusieron la Unión Ferroviaria al frente de la solidaridad y de la organización de la resistencia. Hay que entender que Villa era una ciudad ocupada militarmente. Trataban de imponer el terror. En esos tiempos se pusieron en Villa 110 bombas.  El término “fachos” se hizo tan popular que los chicos lo usaban en sus juegos y gritaban aterrorizados cuando explotaba un caño o pasaba un Falcon.

La gente resistía en los barrios de los modos más originales. Allí se mostró lo útil de todo nuestro esfuerzo organizativo barrial. Las vecinales no solo fueron un importante elemento organizador de la solidaridad y de los mecanismos equitativos de distribuir lo que llegaba de todos lados, también resultaron útiles a la hora de organizar la autodefensa de la gente contra el terror estatal. Con viejas armas de caza las más de las veces, los pobladores de las barriadas enfrentaron a los grupos que asolaban Villa con sus bombas y prepotencia impune.  Lamentablemente el grado de organización y preparación combativa de la mayoría de la militancia era casi mínimo, espontáneamente adquirido en los antiguos hábitos de caza y pesca de la población.  Pero no mucho más. Demasiado poco para enfrentar con éxito a semejante aparato represivo como el que se descargó sobre nosotros.

Es en esos días que el radical Ricardo Balbin acuña una frase que lo retrata de cuerpo entero: “la guerrilla fabril”.  ¿En que país vivía este hombre?  Si hubiera venido a Villa, como si lo hicieron otros radicales hubiera podido comprobar que aquí no había “dos bandos” o “dos demonios” como dirían más tarde. Aquí había un solo tipo de terrorismo: estatal y para/empresarial, por la responsabilidad de Acindar en todo esto. La propia Multipartidaria funcionaba en el local de los radicales… y allí se llegó a hacer una Asamblea Popular de 1.500 personas contra la represión. Es en esas condiciones que se prepara la gran Marcha Popular del 22 de abril de 1975 donde casi 15.000 villenses desafían el terror y el aparato represivo y marchan por la ciudad hasta que son salvajemente reprimidos por la policía que llegó a utilizar helicópteros contra la gente. (34)

Por esa acción popular fuimos castigados dentro de la Cárcel y trasladado un grupo de quince compañeros a Resistencia donde estuvimos más o menos un mes.  En la cárcel de Resistencia pudimos organizar mejor la escuela política que ya había empezado en Coronda.

Yo era el encargado de los libros de que disponíamos. Abordamos temas muy interesantes en dichas clases: la conquista del Chaco, la historia de La Forestal, la producción del tanino. Algunos se creen que nosotros de lo único que podíamos hablar era de El Capital o de Lenin.  No es así, siempre me preocupé por la historia del país y de la región.

El 22 de abril del 75’ se llevaron detenidos otros seis compañeros, entre los cuales estaba un tal JUAN MOJA, un militante de la Marrón que en la cárcel fue quebrado y se pasó a trabajar para ellos.  Cuando lo soltaron lo pusieron de interventor en el gremio. El 19 de mayo del 75’ se levanta la huelga y se vuelve a fábrica.  La venganza de la patronal es terrible.  Dejan cesantes a cientos de compañeros. A todo el que hubiera hecho alguna actividad.  Sin embargo, a pesar de todo, el 7 y el 8 de julio, cuando se realiza el paro general contra el ministro de economía Celestino Rodríguez y el brujo López Rega Villa Constitución y Acindar se unen al paro.   Fue la última acción popular importante.

De Resistencia nos trasladaron a Rawson, y de allí nos liberaron el 15 de octubre de 1975. Otros compañeros de la U.O.M. quedaron presos. Cuando llegué a Villa me encontré con un panorama desolador. El terror seguía impunemente.  La huelga de los metalúrgicos había sido levantada el 19 de mayo.  Me dediqué por todos los medios a organizar la solidaridad con los compañeros presos.  Aunque parezca mentira una de las tareas políticas más productivas, era ponerme un periódico del partido bajo el brazo y salir a pasear por Villa.  La gente me saludaba con complicidad.  Mi paseo era la forma de decirles que estaba vivo y que estaba dispuesto a seguir luchando.  Su saludo era el modo de muchos de decirme que podía seguir contando con ellos. Claro que no faltaron los que me daban vuelta la cara y el que me mando decir que me quería mucho pero que no quería que lo vaya a visitar.  Visitaba a los familiares de los presos que habían estado conmigo en las distintas cárceles.  Esto era tierra de nadie, los fachos andaban como pancho por su casa y la gente ya los tenía ubicada.  Las criaturas mismas decían: “ Mami, mami, ahí vienen los fachos”.

A la noche, Villa parecía una ciudad en medio de la guerra, tiros por aquí, bombas por allá.  En ese periodo pusieron 110 bombas en Villa Constitución.  El local de la Unión Ferroviaria que se transformó en el local de la resistencia después del operativo Rocamora, también fue bombardeado.

El ocho de enero mataron a varios compañeros y el clima se puso terrible; a pesar de ello, el 25 de enero, organizamos la celebración del 58º aniversario del partido comunista.   Conseguimos una vaquillona y organizamos un asado con cuero en la casa de Rodolfo Graff, un compañero ferroviario de familia comunista que tenía por entonces un hijo en Coronda.   A las 4.00 de la mañana se cortó la luz en un sector de la ciudad y llegaron tres Falcon que ametrallaron la vivienda y gritaban que Rodolfo saliera con las manos en alto. Cuando se convencieron que no saldría pusieron una bomba poderosísima que destruyó totalmente la casa.  No quedó nada.

Al rato pasó el Jefe de Policía y prometió poner vigilancia en la zona.  María, la valiente compañera de Rodolfo lo encaró y le dijo en la cara: ¿que van a cuidar, los escombros? Poco después, unos 60 compañeros sentados arriba de lo que había quedado de la casa comimos el asado con cuero más dramático de nuestras vidas.

El 24 de marzo sobrevino el golpe.  El once de mayo me volvieron a detener y volví a Coronda, adonde estuve hasta el 24 de diciembre del mismo año.    Las cosas en Coronda habían cambiado mucho.  No se permitían ni libros, ni papel, ni nada. Un gendarme de nombre Sidone estaba a cargo de la cárcel e impuso condiciones brutales de encierro.  El tal Sidone había sido el encargado de reorganizar la cárcel de Trelew después de la fuga de los compañeros. Era un experto en destrucción psicológica de los presos.  Y como todos ellos un cínico que gozaba con su poder.  Una noche nos leyó los “derechos” que teníamos: era una larga lista de prohibiciones que incluían el no leer, no conversar, no cantar, no hacer gimnasia, no hablar el lenguaje de las manos, no responder más que al número de interno que teníamos, no hablar en la fila cuando se salía al patio. Eran todas prohibiciones.  Cuando terminó dijo con sorna que “todo lo que no estaba explícitamente permitido, estaba prohibido”.

Nos alojaban de a uno, o de a dos en una celda de 3.20 x 2 metros en la que estábamos encerrados las 24 hs. salvo un pequeño recreo en el patio de media o una hora siempre y cuando no haga mal tiempo o no se les haya ocurrido castigarnos. A pesar de todo, volvimos a organizar las escuelas políticas.  Como estábamos aislados acudíamos al método del “teléfono roto”, nos parábamos frente a la ventana y por ahí hablábamos.  El compañero que estaba en la celda del piso de arriba nuestro (había tres pisos de celdas) escuchaba lo que decíamos y lo volvía a decir frente a la ventana, y así sucesivamente hasta que la frase daba la vuelta completa al pabellón.  Era una forma de mantenernos comunicados, de romper la soledad y sobre todo de defender la autoestima que es lo que los represores trataban de romper con las humillaciones, la tortura y la labor psicológica. Una regla en esas escuelas era que todos tenían que enseñar algo, así había cursos de filosofía, de historia argentina pero también de instalación eléctrica, de albañilería elemental, etc.

Si uno tiene voluntad, siempre se aprende algo. Cuando estuve en Coronda, para romper el aislamiento a que nos sometían, aprendimos el arte de la seducción de los gatos, animal orgulloso y celoso de su libertad como ninguno.     En el patio del pabellón cinco había muchos, y hambrientos. Comenzábamos por tirarles los restos del puchero a unos metros de la ventana. Ibamos reduciendo paulatinamente la distancia hasta llegar a ponerle la comida en la ventana. Así pasaban días y hasta semanas, pero el preso tiene tiempo para todo. Cada gato tenía su nombre y algunos se domesticaban tanto que llegaban a dormir dentro de la celda.  Su presencia era una señal de vida entre tantos símbolos de la muerte.

Para la Navidad del 76’ salí en libertad. El general Galtieri en persona, jefe en ese momento del II Cuerpo del Ejercito nos reunió en el patio del Comando y nos dio una filípica donde dejó en claro que se sentían los “señores” de la vida y de la muerte.

 

Mi sexto encierro había terminado, pero volvía a una ciudad y un país que era todo él, una inmensa cárcel.  La dictadura y el genocidio recién estaban  comenzando.

 

Los años pasaron y otro diciembre, el de 1982, iba a cobrarme en parte la amargura que me habían hecho pasar.

Ese año, mi hijo Tito me dio mi primera nieta, Viginia. Después vendrían Julián y la más pequeña, Mariana. Ya había pasado Malvinas, ya habían vuelto casi todos los compañeros de la cárcel, ya se comenzaba a oler en el aire que los militares se estaban yendo.

La C.G.T. había salido de su larga siesta y organizó para el 6 de diciembre una huelga general nacional. La U.O.M. seguía intervenida y Acindar estaba ese día de festejo.  Habían servido un banquete en la Planta Integrada en festejo de algún récord de producción de la acería.  Esa mañana vinieron Carlos Sosa y otros compañeros por casa y estuvimos hablando sobre la huelga y sobre todo de que Acindar estaba trabajando; hicimos varios planes tentativos para tratar de romper la quietud.

Después yo salí a dar una vuelta para ver como andaba el paro.  En el camino lo encontré a Piccinini, que vuelto de la cárcel se ayudaba vendiendo seguros. Fuimos a su oficina a charlar.  Traté de convencerlo de la necesidad de hacer algo para cambiar la situación dentro de fábrica.  Se ve que lo que yo le dije le maduró en la cabeza y ahí resolvió salir a buscar compañeros que lo acompañen a puerta de fábrica.  Visitó como a diez pero no todos se animaron.  Carlos Sosa y Juan Actis fueron algunos de los que lo acompañaron.  Fueron a puerta de fábrica.  Pararon los colectivos.  Hicieron una Asamblea con dos mil obreros que resolvió adherir al Paro y presentar un petitorio para normalizar el sindicato.  Esa misma tarde, se formó la Agrupación Metalúrgica 6 de Diciembre, que tomó la tarea de retomar la lucha histórica de la vieja Marrón.    El doce de diciembre se realizó una marcha masiva por la reincorporación de todos los cesantes por razones políticas y se arrancó la convocatoria a elecciones normalizadoras. El 16 de enero, la lista presentada por la Agrupación 6 de Diciembre conquistaba el triunfo con el 84% de los votos.  Entre los miembros de la Comisión Normalizadora estaban Piccinini y Aragón de la vieja comisión directiva del 74’.  Como ocho años atrás, el proceso de recuperación del sindicato fue indetenible.

Pero la historia  era ya otra. En estos diez años Villa sufrió todos los dolores del pago de la deuda externa, de la impunidad a los genocidas y del ajuste perpetuo del capitalismo que siempre (por más nuevo que sea o crea ser) utiliza la misma variable para que le cierren las cuentas: los trabajadores.

Ya jubilado he tratado estos diez años de aportar mi experiencia y mis enfoques a la lucha popular. No hay iniciativa de resistencia o de memoria que no me haya contado en primera fila.

Y aquí estoy, cerca de los 77 años y tan dispuesto como siempre para la lucha.  Porque eso es todo lo que soy, un militante.  Nada más y nada menos que un MILITANTE. Pero eso es lo que me permitió pasar todas la que pasé y seguir entero.

 

 


Notas

(28) Silvestre Begnis fue gobernador de Santa Fe por el Fre. Ju. LI., lema oficial del P. Justicialista. Su vicegobernador era el burócrata Felix Cuello de la U.O.M. de la ciudad de Santa Fe que años más tarde intentaría voltearlo provocando un conflicto institucional provincial. La otra lista peronista era la 9 de Campos- Boniino que ganó en muy pocos lugares. Villa Constitución el más importante.

(29) Lanusse fue el tercero de los dictadores de la llamada “Revolución Argentina” que se extendió desde el 28 de junio de 1966, fecha de la deposición de Illia, hasta el 25 de mayo de º073 en que asumió Cámpora. A Lanusse lo precedieron Ongania y Levingston.

(30) El propio Angel Porcú, uno de los protagonistas principales de esta historia, nació y se crió en una chacra lindante a Arroyo Seco, un pueblo cercano. Incluso hasta pasados unos años de operario de Acindar, seguía viviendo en la chacra. Cuando empezó a activar sindicalmente, se mudó al pueblo de Arroyo Seco.

(31) Integraban la regional Villa Constitución de la C.G.T. los gremios de la Unión Ferroviaria, La Fraternidad, Portuarios, Municipales, Textiles, Aceiteros, Empleados de Comercio, Bancarios y Magisterio.

(32) Unidad de la policía provincial con asiento en Vera al norte de la provincia especializada en lucha antimotines. Son los continuadores históricos de los fatídicos “cardenales” que la Forestal organizara a principios de siglo.

(33) Se trataba de Silvia Díaz, Laura Ojeda y Angel Romero que posteriormente fueron puestos a disposición del P.E.N. y encarcelados por varios años.

(34) Es en estos hechos donde se pueden ver claramente los límites de los proyectos revolucionarios actuantes en esos años. Todos sabían que el gobierno iba a reprimir. Las organizaciones armadas de entonces (el E.R.P. y Montoneros) prometen en las reuniones previas una cantidad de hombres armados para “defender” la marcha. El P. Comunista, por su parte, que contaba provincial y nacionalmente también con una capacidad de combate respetable, tampoco atina a otra cosa que comprometer “ayuda”. Lo real que las “ayudas” no llegaron, y que la Marcha fue casi desarmada a enfrentar un dispositivo que ya había mostrado su ferocidad y voluntad de exterminar a los luchadores populares. Lo mismo que había pasado en enero del 74′ en la ciudad de Córdoba; la fractura entre un movimiento popular sin capacidad de enfrentar la represión violenta y organizaciones político/militares con una lógica de combate al margen del proceso real del combate popular se convertiría en una debilidad insuperable para el movimiento popular.

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