Documento Fundacional MUI: Por un Movimiento Universitario de Izquierda

 

La Universidad que hoy tenemos es la resultante de la aplicación (no sin disputa) del modelo neoliberal en la educación. Quizás esta afirmación parezca demasiado obvia pero creemos que nos ayuda a ver la situación de la Universidad en una perspectiva histórica. Es decir: este modelo de Universidad se fue forjando a partir de la persecución ideológica llevada adelante por las “tres A” y posteriormente con el establecimiento de la dictadura militar, que no sólo se ocupó de profundizar el terrorismo de estado en función de los grupos económicos y de poder, sino que jugó un papel fundamental sobre la subjetividad logrando instalar el miedo y el individualismo en gran parte de nuestro pueblo. Este accionar no finalizó con la dictadura sino que fue profundizado por el gobierno de Alfonsín, posteriormente con Menem y la Alianza, con el matiz de que hoy a la dominación ideológica-cultural a través del miedo ( a la represión, a la hiperinflación, a perder la estabilidad, etc.) se suma el bipartidismo como una forma de cristalizar la cultura de la resignación según la cual cualquier cambio debe darse en el marco “de lo posible”, es decir sin romper los condicionamientos del banco Mundial, el FMI y otros organismos del imperialismo. En pocas palabras el proyecto económico del neoliberalismo sólo pudo ser posible a través del terrorismo de estado y una ofensiva ideológico-cultural de proporciones gigantescas.

De esta manera las dos principales fuerzas políticas de nuestro país evidenciaron ser un apéndice del proyecto económico, político y social del Bloque dominante. A nivel universitario, durante este y el anterior gobierno, se ve reflejada en la implementación de la Ley de Educación Superior (LES), la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) sumado a la penetración del FOMEC (Fondo para el Mejoramiento de la Calidad Universitaria) y otros organismos de crédito externo en la política universitaria. Estos estàn destinados a direccionar las líneas de investigación universitaria para que favorezcan la implementación del modelo de concentración de la riqueza en pocas manos a cuotas de la exclusión social, el hambre y la desocupación. Los pocos que acceden a la Universidad tendrán la posibilidad de cambiar esto; pero del otro lado quedan miles y miles de secundarios como parte fundamental del sistema educativo y como futuros dirigentes estudiantiles en la Universidad.

 

El nombramiento de Ministros de Educación de claro corte ultraliberal pone al descubierto la intención de avanzar en la política de entrega de la Educación Pública. Ante este nuevo panorama la Franja Morada se verá obligada a consensuar la entrega de la educación y cambiará su papel de oposición para convertirse, aún con más claridad, en el brazo estudiantil del proyecto neoliberal. Por esta razón sostenemos que la lucha ideológica dentro de la Universidad es estratégica para un proyecto alternativo de sociedad.

 

Debemos tener en claro que hoy la Universidad es el espacio en el cual el Bloque dominante forma sus cuadros. Por lo tanto nuestra política hacia la Universidad no debe agotarse en el acceso de las clases populares a las mismas sino que debe plantearse como un eje central la confrontación académico-ideológica en función de crear un nuevo paradigma de Universidad que resuelva las necesidades de nuestro pueblo en el marco de un proyecto liberador.

 

Coherentemente con lo expuesto será necesario insertarse en las cátedras, organizar jornadas de debate académico y apuntar a generar espacios que conduzcan a la formación de un pensamiento crítico y creador, motorizando distintas actividades que nos permitan disputar hegemonía. También es nuestra responsabilidad comenzar a debatir si no será necesario cambiar las estructuras de los centros de estudiantes que hoy tenemos frente a las futuras luchas; así como también replantear nuestra representatividad en co-gobierno teniendo en cuenta que a la hora de defender a la Universidad pública y gratuita siempre fuimos mayoría.

 

Una de las consecuencias más claras de la implementación del neoliberalismo y de la derrota parcial de quienes planteamos una salida por fuera del capitalismo es, por lo dicho anteriormente, la dispersión, la desorganización y la debilidad del campo popular. Dispersión, desorganización y debilidad que cabalgan sobre el individualismo, la idea del sálvese quien pueda y el posibilismo.

 

Si miramos más detenidamente al interior del movimiento estudiantil podremos apreciar que, a diferencia de otras épocas, la composición social del estudiantado ha cambiado sustancialmente, al menos en los lugares donde la desocupación se hace sentir con más fuerza. Así vemos como una parte importante del sujeto estudiantil está formada por sectores de la clase media más castigados por el modelo u que ven en la Universidad una tabla de salvación en el mar de la desocupación, la incertidumbre y la miseria. Esta situación se puede verificar en el importante incremento de la matrícula de ingreso a las Universidades del cordón industrial bonaerense. Es evidente que entre estos ingresantes existe una importante masa de asalariados y de trabajadores precarizados.

 

De esta manera el movimiento estudiantil no es algo aislado de la lucha de clases, sino que la lucha de clases es una parte constitutiva del mismo. Sólo que el estado actual de la subjetividad está tan retrasado que hace que esta situación no se exprese en forma de conflicto al ser mediatizado por el paradigma individualista de la tabla de salvación. Esta realidad debe ser comprendida en toda su complejidad para guiar nuestra práctica. Una práctica que debe tener como objetivo central romper con la lógica reaccionaria del paradigma liberal-individualista, buscando crear un nuevo paradigma basado en la solidaridad, en la posibilidad del cambio y en la voluntad de vencer.

 

Para esto debemos tener en claro que la subjetividad no se modifica sólo desde el discurso sino desde una relación dialéctica entre la teoría y la práctica. También jugará un rol importante la unión estudiantil planteada como la genuina participación de todos, en sus diferentes niveles y formas, y no solamente como la unidad en lo estructural.

En tal sentido debemos avanzar en la organización de un movimiento estudiantil que a medida que se va articulando va soltando las amarras que lo atan a las ideologías y a las prácticas impuestas desde el bloque dominante. Así es necesario construir un movimiento estudiantil autónomo, desarrollando organizaciones nuevas por fuera de las estructuras convencionales, que antepongan el poder de los estudiantes al poder del lo establecido, capaces de dar batalla en la universidad a las políticas neoliberales y de forjar el proyecto de universidad que necesita nuestra sociedad. Se trata entonces de unir lo disperso, organizar lo desorganizado, potenciar y dar cauce a la lucha.

 

Ahora bien, para llevar adelante esta política hace falta una herramienta que nos permita aunar esfuerzos y lograr un mayor nivel de representatividad. Hace falta crear una herramienta de carácter nacional que se plantee avanzar en esta dirección. Que tenga en como ejes centrales organizar al movimiento estudiantil para confrontar con el neoliberalismo.

Un MOVIMIENTO UNIVERSITARIO DE IZQUIERDA  con un proyecto político propio. Que tenga como objetivo la defensa de los derechos estudiantiles y la responsabilidad de comenzar a generar un proyecto de Universidad a favor de nuestro pueblo. Una herramienta de los estudiantes que genera política para la universidad, formada por representantes de todas las carreras y claustros, que participan cotidianamente de al defensa de la educación y no necesariamente son militantes de una agrupación, pero que se sientes actores de un cambio. El M.U.I. debe ser siempre una alternativa política en construcción, donde la identidad de cada uno suma en la elaboración de la política universitaria.

 

Esta clara la capacidad que tenemos como izquierda de disputar la conducción del movimiento de masas durante un conflicto; pero conocemos también nuestra incapacidad para mantener esa cuota de hegemonía más allá de él. No basta con la mera agitación, ya que el asambleísmo tiene un techo. Hay que construir organización, rescatando en este sentido la rica experiencia, resignificando la tradición de lucha del movimiento estudiantil argentino y sus organizaciones.

 

En resumen, hace falta crear una fuerza capaz de enfrentar al neoliberalismo en todos sus frentes: en lo académico, en lo gremial, en lo ideológico y en lo político. Para decirlo más claro, en los centros de estudiantes, en las aulas, en las cátedras y en las calles.

En este sentido no podemos subestimar el valor estratégico de la unidad de los que vemos la necesidad y confiamos en la posibilidad de cambiar para siempre, y desde los cimientos, nuestra educación, nuestro modelo de Universidad y nuestro país. Es el momento de dejar de lado las visiones cortoplacistas y comenzar a construir un MOVIMIENTO UNIVERSITARIO DE IZQUIERDA que supere lo coyuntural y lo electoral preparando al movimiento estudiantil para la confrontación con el sistema.

 

La Plata, septiembre del 2001

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aaasas

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